Hay que liberar a las matemáticas de la supremacía blanca. - En España ha surgido la polémica por una mal explicada propuesta de enseñar las matemáticas en Primaria con un enfoque socioemocional y con perspectiva de género. Creo que se trata de un eco del movimiento woke del que hablo en este Panóptico: la exageración desquiciada de un objetivo elogiable. Una manifestación aún más clara es la propuesta de profesores de la Universidad de Claremont para “desmantelar la supremacía blanca” en la enseñanza de las matemáticas. Han publicado una guía titulada “A Pathway to equitable Math instruction 8-https://equitablemath.org/wp-content/uploads/sites/2/2020/11/1_STRIDE1.pdf)”, en la que se lee:” Vemos que la cultura supremacista blanca en la clase de matemática se manifiesta cuando el foco se pone en obtener la “respuesta correcta”, la práctica independiente se valora más que el trabajo en equipo o la colaboración” o “las estructuras de participación refuerzan las formas de ser dominantes”. Ya está circulando por centros educativos. El Departamento de educación de Oregon lo ha incluido en sus recomendaciones a los profesores del Estado. (Lincoln Graves: “Debate emerges over racism and white supremacy in Oregon math instruction”).

José Antonio Marina

Si fuera un genio malvado que quisiera dominar el mundo sin usar la fuerza sino convirtiendo a los humanos en esclavos felices, mi primera medida sería glorificar las opiniones y las preferencias individuales. Es decir, convencer a los ciudadanos de que sus opiniones y preferencias son respetables y que son ellas las que deben dirigir la política. Se preguntarán por qué esas cimas de la individualidad van a ser la antesala de la servidumbre voluntaria. Porque si las convierto en el último criterio para la acción, si niego que unas sean mejores que otras, si sostengo que cada cual debe actuar siguiendo las suyas propias, sólo tengo que influir en esas opiniones y en esas preferencias para adueñarme del comportamiento de las personas. Esto no es nada nuevo. Los sistemas de adoctrinamiento y de propaganda y publicidad lo han intentado siempre. Tiene poder quien puede controlar el comportamiento de la gente usando las cinco herramientas universales y eternas: la fuerza, el premio, el castigo, el cambio de opinión o creencias y el cambio de preferencias o deseos. Tener poder significa disponer de las herramientas para cambiar la conducta de la gente: la fuerza, el premio, el castigo, el cambio de opinión (creencias) y el cambio de preferencias (deseos).

José Antonio Marina

La democracia fácil es la que no desarrolla el pensamiento crítico y es por lo tanto una “democracia crédula”. Es también la que se basa solo en derechos y no en los correspondientes deberes, la democracia de la queja y la reclamación, pero no de la participación y es también la “democracia de las preferencias”. El problema está en que una democracia basada en las preferencias no puede proporcionar una idea coherente del bien común. Lo expliqué en el Panóptico 14, comentando el “teorema de la imposibilidad” de Kenneth Arrow. Daniel Innerarity, en “La democracia de los algoritmos” (EL PAÍS 7.8.2021) señala que en la “democracia algorítmica”, “nuestras preferencias son tomadas en consideración, pero se nos priva del momento de construcción deliberativa en el que esas preferencias no son meramente agregadas, sino que interaccionan con la otras. El problema de gobernanza algorítmica es que gracias a los algoritmos intervenimos en la expresión de preferencias e intereses, pero no en la construcción de una totalidad social deseable que nos habría permitido eventualmente modificarlos”. La democracia de los likes es demasiado elemental, emocional y manipulable. Fukuyama ha hablado de que la democracia puede fomentar una “felicidad blanda y fácil”, llevando incluso de dejar de valorar la libertad porque, como dice el título de una obra de Jean Paul Kauffman: La libertad es cansada (C’est fatigant la liberté).

José Antonio Marina