La enseñanza de la historia sigue planteando problemas. En Estados Unidos una serie de Estados republicanos – Texas, Idaho, Oklahoma o Tennessee, entre otros- han prohibido que la enseñanza de la historia culpabilice a los ciudadanos blancos, promueva el resentimiento, o preste demasiada atención a las páginas negras de la historia estadounidense. Hay críticas al Proyecto 1619, publicado en The New York Times, e ideado por Nikole Hannah-Jones, que recibió el Premio Pulitzer por el ensayo introductorio a este proyecto. que "tiene como objetivo replantear la historia del país colocando las consecuencias de la esclavitud y las contribuciones de los afroamericanos en el centro mismo de la narrativa nacional de los EEUU. El Proyecto 1619 fue criticado por historiadores y políticos conservadores. El historiador David Blight, profesor de Estudios afroamericanos de Yale, de raza blanca, advierte que todo país tiene un pasado que hace sentir incómodo a sus ciudadanos. “El movimiento conservador lleva medio siglo intentando de forma intermitente hacer retroceder la enseñanza de la parte más incómoda de nuestra historia porque creen que nuestra obligación es formar patriotas; pero nosotros no educamos a los jóvenes para ser solo patriotas, los educamos para que entiendan mejor la sociedad en la que viven y eso les puede hacer mejores patriotas”. Según Thimothy Snyder, “la guerra contra la historia es una guerra contra la democracia”: “La historia no es una terapia y el malestar forma parte del proceso de crecer”.

José Antonio Marina

Dos noticias de LA VANGUARDIA me han llamado la atención. La primera es que dedicasen su portada del domingo (15.8.2021) a una especie de rehabilitación de Jordi Pujol, con un titular: “La convergencia de Pujol con ERC”. El autor del artículo Josep Gisbert, escribe:” La receta de Pujol es clara: una vez visto que ni el independentismo es lo bastante fuerte para alcanzar la independencia ni España lo es para aniquilar a Catalunya, hace falta que las dos partes sean conscientes de la realidad y, ante el clima de impasse creado, hagan “un nuevo esfuerzo de acercamiento” y “sean capaces de encontrar un clima de diálogo”. También Pere Aragonès insiste en el diálogo. ¿A dónde podría conducir ese diálogo? Según Gisbert: “Para Pujol parece obvio que no será la independencia, y se conformaría con “un autogobierno de Catalunya que garantizara la identidad, la democracia y el progreso social y económico”. Y la ERC de hoy, aunque no lo diga, a buen seguro que no le haría un feo”. En el número del sábado 21.8.2021 LA VANGUARDIA publica el resultado de dos encuestas -una realizada por el Ayuntamiento de Barcelona, y otra por el Centre d’Estudis d’Opinió de la Generalitat- que muestran un descenso del interés secesionista en la franja de edad 15-34 años, y un aumento de la aceptación del sistema autonómico. ¿Suponen estos datos un cambio de tendencia? Es difícil decirlo. La opinión pública es una realidad demasiado fluida e impresionable. Y el paso de la opinión al voto, más impredecible todavía. Gallimard acaba de publicar un libro dirigido por Gahin, Martínez Toledano y Piketty, titulado Clivages politiques et inégalités sociales. Los autores pretenden explotar las encuestas llevadas a cabo desde 1948 en una cincuentena de países, después de las elecciones más importantes. Aspiran a dibujar una verdadera cartografía mundial e histórica sobre las motivaciones de voto. ¿Por qué, por ejemplo, cuando las desigualdades socioeconómicas aumentan, los debates surgen sobre todo a propósito de la inmigración, la identidad nacional o la integración? Hay algunos datos comunes a EEUU y a Europa. El voto étnico sube en importancia, mientras que el voto de clase cuenta cada vez menos. En cambio, en Iberoamérica y en Asia sucede, al contrario. ¿Por qué sube o baja el interés identitario? Un dato más (27.8): después de oponerse durante mucho tiempo, Junts por boca de Jordi Sánchez, acepta sumarse al diálogo y aplazar la vía unilateral. Pero al mismo tiempo, la ANC prepara una Diada basada en la desconfianza hacia el diálogo. Después de haberse lanzado al agua el 1-O sin saber si había agua en la piscina, ahora parece que todo el mundo quiere nadar y guardar la ropa.

José Antonio Marina

La economía china plantea un serio problema a los economistas. Tras los trabajos de la escuela austriaca, en especial de Friedrich Hayek, se admite generalmente que una planificación estatal de la Economía tiene forzosamente que fracasar porque no puede aprovechar el saber disperso del que dispone el mercado- es decir, el juego de oferta y demanda- que le sirve para orientar la producción y fijar los precios. Para funcionar correctamente, el mercado debe ser libre. Sin embargo, la economía de China está estatalmente dirigida en un país con libertad limitada, y, a pesar de ello está teniendo un éxito espectacular. En el libro "El gran sueño de China", su autor Claudio F. González considera que China aspira a gobernarse como una gigantesca empresa y estas son sistemas superjerárquicos, planificadores y poco democráticos. Esta es la tesis del libro de Phillips Leiegh y Michael Rozworski "The Peoples´s Republic of Walmart. How the World's Biggest Corporations are Laying the Foundation for Socialism (Jacobin)", (2019). La comparación entre las grandes empresas y los Estados no es disparatada. Walmart, la cadena estadounidense de supermercados, podría considerarse por su volumen la décima economía del mundo, detrás de Brasil. Con 2.2 millones de empleados, Walmart es el tercer empleador del mundo, detrás del ejército de EEUU (3.2 millones) y del ejército chino (2.3 millones). El éxito de estas grandes empresas (archiplanificadas, jerárquicas, no democráticas y con controles implacables) es un ataque a las teorías neoliberales. Por ejemplo, se dice con frecuencia que en una economía tan acelerada y competitiva las empresas necesitan empleados creativos. Esto es una media verdad. Si tomamos a Amazon como ejemplo, comprobamos que son dos empresas en una. Un prodigio tecnológico-que necesita formidables e inventivos técnicos- descansa sobre una masa de trabajadores no cualificados que lleva los pedidos a las casas. La polémica sobre la planificación y su eficacia económica (y de paso social y política) me ha hecho recuperar dos libros antiguos. Uno el clásico de Alfred D. Chandler "The Visible Hand: The Managerial Revolution in American Business" (1977) que critica el dogma de “la mano invisible” defendida desde Adam Smith por los economistas liberales, afirmando que es la acción de los directivos lo que ha cambiado el mundo de los negocios, y el interesantísimo de Johanna Bolckman "Markets in the Name of Socialism: The Left-Wing Origins of Neoliberalism" (2011) que recuerda que en los años 30 los economistas no oponían socialismo y mercado, ni planificación y competencia. De hecho, Leon Walras, una de las figuras claves de la revolución marginalista, fue un gran defensor de ambas cosas, el socialismo y la libre competencia. El economista británico H.D. Dickinson escribe: “El bello Sistema del equilibro económico descrito por Böhm-Bawerk, Wieser, Marshall y Cassel no es una descripción de la sociedad como es, sino una visión profética de la economía socialista del futuro”. El mismo Cassel, economista neoclásico, decía que la economía neoclásica ayuda al socialismo y el socialismo ayuda a la economía neoclásica. Para terminar, Kenneth Arrow, futuro premio Nobel de Economía, escribía en 1940 en “A Cautious Case for Socialism”: “El socialismo es la vía para lograr el mercado perfecto”. Sólo más tarde socialismo y mercado se consideraron opciones contradictorias. Desde el Panóptico observo intrigado si lo que está haciendo China no es innovar sino volver a viejos maestros.

Jose Antonio Marina

Es el título del último libro de Claudio F. Gonzalez. Advierte que el segundo mandato de Xi Jinping ha acentuado el control social. Reconoce la preocupación porque la toma de decisiones la hagan los mejores. Hay un sistema para becar a los mejores estudiantes en las mejores universidades, pero pasando después obligatoriamente por el servicio público. Tienen dos de las 10 mejores universidades del mundo. Han entendido que financiar las universidades es el inicio de ese ciclo virtuoso. El autor ve el potencial de las tecnologías para hacer cosas fantásticas y también de hacer cosas horribles. Utilizando como argumento definitivo que hay que poner a la sociedad por delante del individuo, los gobernantes chinos están introduciendo el sistema de “reputación social”, de “crédito social”. Para la sociedad es mejor la persona que hace ejercicio, que no fuma, que come bien porque ahorra mucho dinero al sistema hospitalario estatal. Plantea al lector la siguiente cuestión: “Si un sistema le preguntara: “¿Quieres mejores ciudadanos? ¿Quieres desarrollo económico? ¿Quieres que la gente no pase hambre? ¿Quieres que el ciberespacio sea un lugar ordenado?”. ¿Sí? Pues firma aquí. ¿Usted firmaría? ¿Por qué?

Jose Antonio Marina

El mundo político se está llenando de palabras nuevas y desconocer su significado puede suponer la exclusión del debate social. La empresa de sondeos IFOP realizó una encuesta para L’Express en febrero pasado titulada “Conocimiento y adhesión a las tesis del pensamiento “woke” entre los franceses”. Se preguntaba por el conocimiento de las siguientes expresiones: •Escritura inclusiva •Estudios de género •Cultura de la violación •Racismo sistémico •Pensamiento descolonial •Masculinidad tóxica •Luchas sin mezcla de identidades •Interseccionalidad de las luchas •Cancelación cultural •Pensamiento woke. Muchas de estas expresiones eran desconocidas por la mayoría de los ciudadanos. Los conocedores de este vocabulario presentaban el siguiente perfil: mujer entre 18 y 35 años, universitaria, procedente de familia acomodada, que ha votado por Benoït Hamon o Jean-Luc Mélenchon en la elección presidencial de 2017. En España, el debate político ha introducido otros términos que también es necesario conocer: sexo, género, cisgénero, transgénero, ideología trans, trans*, sistema no binario, género fluido, etc. Creo que conocer este vocabulario es necesario para que debates políticos y sociales no sean monopolizados por un grupo político elitista. Por eso, después de vacaciones comenzaré en el Panóptico un Diccionario woke, para facilitar la comprensión de algunos debates que posiblemente se incrementarán en el otoño.

Jose Antonio Marina