La pandemia ha planteado el tema de los límites de la libertad. El presidente Macron debate si imponer obligatoriamente la vacunación. En España, el Tribunal Constitucional está dividido sobre la legalidad del decreto del estado de alarma que el gobierno aprobó en marzo de 2020. Mientras tanto, China ha resuelto la pandemia con mayor eficiencia, lo que ha planteado el problema de si los regímenes autoritarios son más eficaces que los democráticos. Les recomiendo el artículo de Qin Hui, “Globalización después de la pandemia”, en la magnífica web del canadiense David Ownby Reading the China Dream. Qin es un campeón chino de la democracia y los derechos humanos, que critica el orden de prioridades de occidente. En casos de emergencia, piensa, la vida humana es lo primero. Considera ofensivo que se reivindique como un derecho humano el “no llevar mascarilla”. Me ha recordado el comentario irónico de Montesquieu: Los rusos piensan que la libertad consiste en poder llevar la barba larga. Bienvenida sea una reflexión sería sobre los límites y el contenido de la libertad.

El discreto encanto de la esclavitud
La libertad es cansada. Jean-Claude Kaufmann es un sociólogo francés, especializado en microsociología de la vida cotidiana, al que sigo desde hace mucho tiempo por sus originales enfoques. Acaba de publicar C’est fatigant, la liberté. Me ha recordado a aquella niña que compungida dice a su maestra: ¿Y entonces hoy también tenemos que hacer lo que queramos? Su tesis es que la pandemia ha provocado en muchas personas una desconexión social de la que no quieren salir. Aparece un ideal de retiro, de encerrarse en la propia concha, de vivir en pijama. Lo interesante es que lo atribuye a que la libertad se ha convertido en un peso, en una carga insoportable de la que la crisis sanitaria nos habría liberado durante un tiempo. Lo que resulta cansado de la libertad es tener que estar tomando continuamente decisiones. Mucha gente estaría dispuesta a prescindir de ciertas libertades a cambio de una vida más tranquila. Eric Fromm habló del “miedo a la libertad” como precursor de la aceptación de los regímenes autoritarios. Espero que el “cansancio de la libertad” no tenga esas consecuencias. Por si acaso, habrá que observarlo con atención.
Las ideologías no han muerto. Retornan al galope, primero a las universidades americanas, ahora a las francesas. De nuevo cunde la idea de que la ciencia es una ideología más. Bien es verdad que solo en las facultades humanísticas, lo que favorece el desdén hacia ellas de las “ciencias duras”. Se admite el activismo político como principal dinamismo de la investigación. Toda apelación a una verdad objetiva se interpreta como una “colonización del espíritu”. Toda defensa de la universalidad es opresiva. Para oponerse a esta corriente ha aparecido en Francia el “Observatoire du décolonialisme et des idéologies identitaires”, que acaba de publicar un “Rapport sur les manifestation idéologiques a l’Université et dans la Recherche”. Su objetivo, como lo explica el lingüista Jan Samowicz es oponerse a “la propagación de un discurso según el cual el individuo se reduciría a su pertenencia a una raza o a un género”. Es llamativo que, en términos generales, sea la izquierda la que ha enarbolado ahora la bandera contra la universalidad de los valores, cuando siempre había ocurrido lo contrario.
¿Por qué debemos confiar en la ciencia?

¿Cuándo se inventaron las vacaciones?
¿Es posible un “patriotismo dual”?

